El mapa preliminar del próximo Congreso de la República empieza a mostrar una tendencia clara: el Parlamento que saldrá de las elecciones del 12 de abril sería más fragmentado que homogéneo. La proyección inicial no dibuja una mayoría absoluta, sino una cámara repartida entre varias fuerzas, con un peso importante de la derecha, presencia del centro y una izquierda todavía con capacidad de mantener representación.
La novedad institucional de este proceso es el retorno de la bicameralidad. Desde julio de 2026, el país volverá a tener 60 senadores y 130 diputados; en el caso del Senado, 30 serán elegidos en distrito único nacional y 30 en distritos múltiples regionales. Arequipa elegirá un senador regional y seis diputados.
Pero la asignación de escaños no depende solo del orden de llegada en las urnas. El Jurado Nacional de Elecciones ha precisado que, para acceder a la distribución de curules, cada organización debe alcanzar de forma concurrente al menos el 5 % de los votos válidos de la cámara correspondiente y un mínimo de tres senadores o siete diputados. En el Senado, además, ese 5 % se calcula sumando la votación nacional y regional.
En el plano nacional, los primeros flashes electorales ya sugieren un Congreso dividido en unas seis bancadas. Según la proyección de Datum, Fuerza Popular sería la primera minoría tanto en Senado como en Diputados; detrás aparecerían Juntos por el Perú, Renovación Popular, el Partido del Buen Gobierno y otras agrupaciones con opción de ingresar al nuevo Parlamento.
Otra medición, elaborada por Ipsos, refuerza la misma idea de fragmentación. En su boca de urna para el Senado nacional, Fuerza Popular obtuvo 14.6 %, Juntos por el Perú 11.5 %, el Partido del Buen Gobierno 10.6 %, mientras Renovación Popular y el Partido Cívico Obras registraron 10.5 % cada uno; más atrás se ubicaron Ahora Nación y País para Todos.
Sobre esa base, Carlos Timaná consideró que el nuevo Congreso podría quedar integrado por seis fuerzas con representación en ambas cámaras. En su lectura preliminar, las agrupaciones con mayores opciones de entrar serían Fuerza Popular, Renovación Popular, el Partido del Buen Gobierno, Juntos por el Perú, Ahora Nación y País para Todos, un escenario que, advirtió, abriría un periodo de gobernabilidad compleja y negociación permanente.
En Arequipa, el análisis del especialista muestra una dinámica distinta a la nacional. Según explicó, el voto regional se habría inclinado con mayor fuerza hacia Jorge Nieto y el Partido del Buen Gobierno, que rondaría el 20 %, mientras otras candidaturas como la de Ricardo Belmont quedarían alrededor del 10 %, y Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori aparecerían más atrás, cerca del 8 %.
Ese comportamiento electoral es el que sostiene la principal proyección regional. Timaná estima que el Partido del Buen Gobierno podría obtener entre una y dos curules en la Cámara de Diputados por Arequipa, mientras Renovación Popular, Juntos por el Perú y Ahora Nación tendrían opciones de asegurar una representación cada uno. El último escaño, remarcó, dependerá de la cifra repartidora y del rendimiento final de los partidos que logren superar la valla.
El politólogo también vinculó ese avance de Buen Gobierno con un fenómeno comunicacional que tuvo especial llegada en jóvenes y redes sociales. Su lectura coincide con un padrón renovado: Reniec informó que más de 2.5 millones de nuevos votantes participaron en estas elecciones generales, un dato que ayuda a explicar por qué algunas campañas con fuerte presencia digital lograron alterar los pronósticos tradicionales.
Aun así, el resultado definitivo todavía no está cerrado. La ONPE ha recordado que los cómputos oficiales se publican de manera progresiva conforme se procesan las actas, y solo después del escrutinio completo y de la aplicación de la valla electoral y la cifra repartidora podrá conocerse la composición final del Congreso. Por ahora, la señal más firme es otra: el país se encamina a un Parlamento bicameral fragmentado, y Arequipa aparece como una de las plazas donde el Partido del Buen Gobierno podría convertir su impulso electoral en representación concreta.


